Seleccción de la colección de MOLAA


 

JOAQUÍN TORRES-GARCÍA
(Uruguay, 1874-1949)

Composición constructiva, 1934

Tinta sobre papel

6.875 x 5.5 pulgados

Colección Permanente de MOLAA.

Adquisión: 2010


SOBRE LA OBRA

Composición constructiva data del año del regreso de Torres-García a su natal Uruguay, después de más de cuatro décadas de ausencia. Su composición encarna el estilo característico del artista: un sistema de cuadrícula dividido y poblado por una colección de objetos bidimensionales representados con una iconografía cruda. El dibujo incluye muchos de los motivos recurrentes en la obra de Torres-García: un sol —una referencia tanto a las antiguas prácticas de adoración solar en las culturas egipcia e inca como a la bandera uruguaya—, peces, un reloj, un barco y una díada esquemática hombre-mujer en la parte superior izquierda. Si bien la obra está llena de referencias autobiográficas al viaje transatlántico del artista hacia su país de origen, el “universalismo constructivo” de Torres-García aspiraba, en realidad, a un lenguaje simbólico universal que trascendiera el tiempo, el espacio y la cultura.

Torres-García buscaba fusionar las tendencias formales del arte moderno —en particular la cuadrícula, que estructuraba las pinturas “neoplasticistas” de Piet Mondrian y Theo van Doesburg, con quienes interactuó durante sus seis años de residencia en París— con las tradiciones visuales de los pueblos precolombinos americanos, especialmente los diseños geométricos de las civilizaciones andinas. Aunque la nota manuscrita garabateada en la parte inferior del dibujo desmiente su carácter acabado, el trazo esquemático y el carácter monocromático de esta obra son típicos de las “construcciones” pintadas por Torres-García.

Joaquín Torres-García, Composición constructiva, 1934


Video presentaciones
English

BIOGRAFÍA

Joaquín Torres-García nació en Montevideo, Uruguay, hijo de un padre catalán español y una madre uruguaya. Sus padres trasladaron a la familia a España cuando Torres-García tenía sólo 17 años; no regresaría a su país natal —donde alcanzaría su mayor notoriedad como artista— hasta 43 años después.

Como joven artista en Barcelona, Torres-García estuvo asociado con el movimiento artístico catalán del “Noucentisme”, realizando una serie de frescos que alegorizan la identidad catalana durante la década de 1910. Posteriormente, abandonó esta imaginería clásica y pulida para pasar a pinturas más decididamente “modernas” de escenas urbanas contemporáneas, particularmente durante un período en la ciudad de Nueva York entre 1920 y 1922.

Tras varios años de vida itinerante entre distintos entornos rurales de Italia y Francia, Torres-García se estableció en París en 1926, donde pasó seis años extremadamente productivos desarrollando metódicamente el estilo cargado de iconografía que definiría sus obras maduras. En París, conoció a Piet Mondrian y Theo van Doesburg —artistas pioneros de la abstracción pura a través de pinturas neoplasticistas formadas por bloques de colores primarios aplicados limpiamente— y cofundó un grupo artístico y una publicación titulados Cercle et Carré (Círculo y Cuadrado) junto al escritor belga Michel Seuphor.

A diferencia de sus colegas neoplasticistas, Torres-García incorporaba imágenes representacionales en sus pinturas en forma de un vocabulario icónico supuestamente universal, extraído de múltiples tradiciones del mundo. Al regresar a Uruguay en 1934, Torres-García promovió el arte moderno en el país mediante la fundación de varias instituciones: el centro y espacio de exhibición Asociación de Arte Constructivo (activo de 1935 a 1940) y el Taller Torres-García, una academia de estilo Bauhaus fundada en 1943 que continuó promoviendo el enfoque “constructivo” del artista hacia el arte y el diseño hasta 1962, trece años después de su muerte.


apoyo para este proyecto: